ALFREDO GARCIA BECERRA
En el complejo ejercicio de la administración pública, es común que las cifras, las grandes obras de infraestructura y los proyectos de largo aliento acaparen los reflectores. Sin embargo, en el día a día de El Mante, se está escribiendo una historia distinta: una donde la política se mide no solo en presupuestos, sino en la capacidad de respuesta ante la fragilidad humana.
La gestión encabezada por la alcaldesa Patty Chío ha marcado una pauta clara: un gobierno no puede llamarse humanista si no es capaz de detenerse ante la adversidad de un ciudadano. Bajo esta premisa, la actual administración ha transformado la atención ciudadana en un ejercicio de empatía pura, donde el auxilio oficial se convierte en el puente necesario para diluir el dolor, devolver la sonrisa y, sobre todo, restaurar la fe en las instituciones.
Es en los momentos de crisis personal —ya sea ante un problema de salud, la pérdida de un patrimonio por un incendio o la vulnerabilidad repentina— donde el respaldo de este gobierno se hace palpable. Pero lo que realmente distingue este estilo de liderazgo es la presencia directa. No se trata de delegar la solución a un escritorio; la alcaldesa Chío ha optado por ser testigo personal de las necesidades de su gente, validando con su presencia el compromiso de que nadie está solo ante la adversidad.
Un ejemplo elocuente de esta filosofía fue el reciente apoyo brindado al comerciante ambulante conocido popularmente como “El Chuky”. Tras sufrir un accidente que comprometió su herramienta de trabajo, la respuesta del gobierno local fue inmediata y profundamente humana. Más allá de la gestión burocrática, hubo un reconocimiento de identidad y comunidad.
Como bien señaló la alcaldesa: “A El Chuky lo conocemos de toda la vida, es parte de la cultura mantense”. Al entregar personalmente el triciclo necesario para que él retome su labor, no solo se restituyó un instrumento de trabajo; se protegió la dignidad de un ciudadano y se mantuvo viva una tradición que da vida a nuestras plazas.
Acciones como esta, que para algunos podrían parecer pequeñas en la magnitud del presupuesto municipal, son las que definen el carácter de un gobierno. Cuando la autoridad entiende que el bienestar colectivo se construye también desde la sensibilidad ante el caso individual, la administración pública recupera su esencia original: servir para que el ciudadano pueda seguir adelante. En El Mante, hoy se gobierna con el oído puesto en la necesidad y la mano tendida hacia quien más lo requiere.









