Por: ALFREDO GARCIA BECERRA
Históricamente, dirigir la COMAPA en El Mante ha sido equivalente a sacarse “la rifa del tigre”. El organismo ha arrastrado por años una sombra de malos manejos, desorden administrativo y un quiebre financiero que parecía crónico. Sin embargo, al transitar la mitad de la presente gestión, el panorama de incertidumbre y calles anegadas está dando paso a una realidad de eficiencia y resultados palpables.
Recibir una administración quebrada y una ciudad sumergida en aguas negras no es un reto para cualquiera. Si a esto le sumamos la susceptibilidad de una ciudadanía alimentada en ocasiones por críticas sin rostro en redes sociales, el mérito de lo alcanzado hasta hoy adquiere un tinte titánico.
Basta dar un recorrido por la ciudad para constatar que el “tiradero” de aguas negras que flagelaba la salud pública está desapareciendo. Se ha puesto fin a focos de infección históricos en puntos críticos como:
- La convergencia del Bvd. Pablo L. Sidar con Tula, Tampico y Xicoténcatl.
- La calle Díaz Mirón en la colonia Anáhuac (el famoso sector “Cantarranas”).
- Puntos clave en las colonias Miguel Alemán, El Martillo, Obrera 1 y 2, Alta Vista y la Nacional Colectiva.
La reparación de socavones en la Revolución Verde y Nicolás Bravo, que representaban un peligro latente.
Este avance no es obra de la casualidad, sino de la sinergia estratégica. El respaldo de la alcaldesa Patty Chío ha sido fundamental, no solo en la gestión ante el gobierno del estado de los colectores Chapultepec, Emiliano Zapata sino en la asignación prioritaria de recursos para concluir obras de gran calado como, los colectores Juárez y Aurora.
Bajo la gerencia de Jorge Salomón, el organismo ha pasado de la parálisis a la acción con una política de “puertas abiertas” y firmeza legal. Un dato que ilustra esta recuperación es la relación con la CFE: de una deuda heredada de 1.9 millones de pesos, hoy la COMAPA presume una cuenta en ceros, al corriente en otra con el Distrito e Riego y litigio de defensa por cobros de las 3D.
La transparencia no es solo un discurso; la aprobación unánime de los informes financieros de los últimos meses por parte del Consejo Directivo confirma que el orden administrativo ha regresado. Salomón ha enfrentado incluso el reto de la morosidad y las fugas domiciliarias personalmente, convenciendo con evidencia en mano y aplicando la ley ante conexiones indebidas, dejando claro que el organismo solo realiza cobros en ventanilla para evitar extorsiones.
La visión de la alcaldesa Patty Chío va más allá de “apagar fuegos”. Actualmente se gestiona ante el Estado un ambicioso paquete de obras que incluye:
- El Colector Quintero y la línea de drenaje hacia la zona cañera.
- La Línea de drenaje de la calle Quintero: De la vía del FFCC a la Guillermo Prieto (Cañera)
- El Colector Sur desde el Fraccionamiento Quintero está a cielo abierto tiene una longitud de 670 m.
- La rehabilitación de 4.5 km del acueducto de El Abra a Ojo de Agua.
- La modernización de la Planta Tratadora de Aguas Residuales.
La reciente crisis en el suministro por la avería de bombas en el acueducto fue una prueba de fuego superada con creces. Con la compra de dos bombas nuevas —que están por instalarse— y la rehabilitación de las plantas antiguas como reserva, El Mante se encamina a una estabilidad hídrica sin precedentes.
Aún hay pendientes en colonias como la Burocrática o Las Brisas, y el gerente Salomón lo reconoce con prudencia. Pero la ruta está trazada. Hoy, El Mante tiene agua, tiene presión y, sobre todo, tiene un gobierno municipal y un organismo operador que han demostrado que, con voluntad y honestidad, es posible rescatar a una ciudad de sus propias ruinas.








